jueves, 9 de enero de 2014

BALONMANO: Pablo Macías se retira.

El jugador vigués es considerado como el mejor defensor gallego de la historia del balomnano.


"Has sido el mejor jugador de balonmano del mundo", le leyó a Pablo Macías su pequeño sobrino, también Pablo, instalado en su regazo. Sentimiento compartido por muchos en el acto con el que el vigués quiso cerrar ayer su carrera profesional. No el mejor en virtudes técnicas; sí en valores que trascienden la cancha. Macías sollozó en varias fases. De emoción, agradecimiento y nostalgia por lo mucho que deja a su espalda.
Macías comenzó en el balonmano a los cinco años, en el Seis do Nadal. En el Academia Octavio aterrizó frisando los 14. Debutó con el primer equipo ante el Bidasoa apenas dos temporadas después, de la mano de Javier Barrios. En 2010 se rompió un pectoral y esta grave lesión lo ha lastrado en las últimas campañas. Incluso le limita la maniobrabilidad en la vida cotidiana. Disputó su último partido como académico en diciembre de 2012. Los médicos certificaron su incapacidad laboral el pasado mes de noviembre. Prácticamente dos décadas como profesional, siempre vestido de rojo.
La rueda de prensa se celebra en el salón de actos de la Casa da Cultura. Asiste el alcalde, Abel Caballero; el concejal de Deportes, Manel Fernández; sus antecesores en el departamento Santi Domínguez y Xabier Alonso; el presidente de la Federación Gallega de Balonmano, José Luis Pérez Ouro; su entrenador, Quique Domínguez; compañeros de largo caminar como Cerillo y Fran González; el presidente del Octavio, Javier Rodríguez; Pedro Posada, que patrocinó a la entidad...
"Ha llegado el día que he intentando evitar durante tanto tiempo. Cuesta dar el paso y reconocerlo. Es muy duro", confiesa Macías, que detalla el calvario médico al que se ha sometido. "Si no fuera por la lesión, yo seguiría dando guerra".
Reparte agradecimientos en el repaso a su carrera: a Antón Piñeiro, que preside el Seis; a Javier Barrios, Quique Domínguez ("lo considero un amigo más), médicos, delegados, ayudantes y fisios como Suso Santomé, con el que compartió tantas horas de camilla. Se acuerda de los amigos de generación que dirigía el difunto Costas, muchos de ellos presentes. "Y Cerillo, que llegó después". Cerillo, el otro rojillo eterno, que este viernes se opera en Fátima de la segunda rotura del ligamento cruzado de la pierna derecha y no sabe si podrá seguir. Macías se lo reclama: "El Octavio puede vivir sin Zipi; sin Zape, no". De su relación con el presidente del club, Javier Rodríguez, constata que tuvieron "momentos malos y buenos". Sobre esos vaivenes le agradece: "Siempre me abrió la puerta para jugar en el equipo".
Macías vacila cuando habla de sus padres: "Me dieron ánimo, apoyo e incluso sustento en muchas ocasiones, desesperándose por mi dedicación a este deporte". Y se quiebra definitivamente cuando concluye con su mujer Noelia, "la persona más importante de mi vida", afirma, junto a su hija Uxía.
A Quique Domínguez le toca glosarlo. Fue su compañero durante cuatro temporadas y ha sido su entrenador durante más de diez. Y con ese conocimiento exclama: "Me parece de justicia este acto, absolutamente merecido". Le gusta que Pablo sea la estrella al menos un día porque "siempre ha cedido el protagonismo a otros y ha preferido estar en segundo plano".
Lo califica como jugador "generoso, que ponía el interés general por encima del suyo. Te daba todo y un poco más". Esta capacidad de sacrificio ha sido especialmente visible desde su lesión: "No conozco a nadie con un umbral tan alto de dolor. A veces he tenido que sacarlo de la pista sin que me lo pidiese. Yo sufría viéndolo sufrir a él".
Pero no quiere el preparador académico que de Macías se ignoren sus cualidades técnicas y tácticas, con su reconversión en especialista defensivo: "El anterior entrenador del Octavio decía que no valía ni para entrenar. Pablo es el mejor defensor gallego de la historia junto a Tomás Fontán. El mejor defensor en penúltimo por su inteligencia táctica y su capacidad de anticipación". Lo ejemplifica con Alberto Entrerríos, "y hay que ponerse de pie al mencionar este nombre", que en un Ciudad Real-Octavio sufrió el marcaje del vigués. "No se lo pudo sacar de encima. Pablo tiene toda mi admiración y mi respeto".
Información de Faro de Vigo.

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